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Fiebre en las gradas


Es Fiebre en las gradas un libro un tanto atípico, visto desde fuera. Un libro en el que un hombre de letras intenta desentrañar los misterios de su pasión futbolera. Intenta (y consigue) explicar cómo es posible que su vida se vea totalmente condicionada por una realidad tan insustancial como la de que su equipo juegue en casa.

Lo cierto y verdad es que yo he intentado explicarme y explicaros lo que siento cuando juega el Sevilla FC, y por qué lo siento. Me he sentido muy identificado (muchísimo) con algunos pasajes de Fiebre en las gradas. En ellos, el autor, con muchísima humildad, repasa su historia personal a la par que su acercamiento al fútbol, al Arsenal, a Highbury. Las compara, encuentra los puntos de inflexión y consigue explicar, de una forma más o menos racional, el origen de su pasión, cuando no su intensidad.

Os recomiendo encarecidamente esta novela si sentís un nudo en el estómago cuando véis un balón rodar y unos desconocidos corriendo tras él portando un pedazo de tela en el pecho que os pone los vellos de punta.

Se ha hecho una adaptación cinematográfica que estoy descargando voy a alquilar actualmente en breve. Ya os contaré. O no, pero la colgaré aquí.

Termino con una cita de la novela The Hustler (Walter Tevis) que aparece en un momento en el que Hornby rememora una época de dudas existenciales en su veintena, y que me ha gustado especialmente:

“De eso se trata en el fondo, maldita sea: hay que comprometerse hasta el final con la vida que uno ha escogido. Y hay que recordar que uno la ha escogido: hay mucho gente que ni siquiera puede elegir. Eres un tío listo, eres joven, tienes talento, ya te lo he dicho”.