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Risotada en el metro

Pues eso, ayer lunes, con muy poquitas horas de sueño en el cuerpo, mucho cansancio pero una gran sonrisa, leía en el metro un libro de Woody Allen, titulado Perfiles, cuando…

Cuando Needleman se hospedaba en mi casa, sabiendo que le encantaba una marca particular de atún, ponía yo una buena provisión en la cocina. Era demasiado tímido para confesarme sus inclinaciones, pero en cierta ocasión, creyéndose solo, le oí abrir las latas una por una y musitar:
-Os quiero a todos.
Acompañándonos a la Ópera de Milan a mi hija y a mí, Needleman, al asomarse por el palco, se cayó al foso de la orquesta. Demasiado orgulloso para admitir que había sido un error, durante un mes seguido fue a la Ópera todas las noches y repitió la caída. No tardó en sufrir una leve conmoción cerebral. Al hacerle observar que su postura había quedado clara y resultaban innecesarias las caídas, replicó:
-No, unas cuantas veces más todavía. La verdad es que no duele tanto.

Recuerdo a Needleman en su setenta cumpleaños. Su mujer le regaló un pijama. Needleman quedó visiblemente disgustado, por cuanto esperaba un Mercedes nuevo. A pesar de ello, en un gesto que caracteriza al hombre, se retiró a su estudio para desfogar la rabieta en privado. Luego se reincorporó sonriente a la fiesta y estrenó el pijama la noche de dos obras cortas de Arabel.

octubre 28, 2008   2 comentarios