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Nos estamos cargando Internet


Hace ya tiempo que vengo dándole vueltas al tema. Y cuando la semana pasada me topé con este artículo, me sentí identificado a la vez que agradecido. Quizás hacía falta que fuese alguien que no ha vivido la transición entre lo que fue hace unos años y lo que es hoy quien fuese capaz de identificar tan acertadamente el problema. En realidad, el título de este post es innecesariamente alarmista. No nos estamos cargando Internet, ya está bien jodida. Realmente merece la pena leer el artículo que he enlazado.

El problema principal es que la forma de uso que podría ser considerada más libre, democrática, requiere un poco de esfuerzo y conocimiento sobre el funcionamiento de las páginas web, feeds rss, etc… pero para el común de los mortales, abrir una aplicación en el móvil y concentrar toda su atención en ella es mucho más sencillo. Especialmente si esta aplicación se compone principalmente de imágenes o vídeos. Y, peor aún, si esta aplicación aprende de lo que me gusta, intuye lo que necesito y me muestra contenido específicamente seleccionado para cubrir mis necesidades. O para crearlas.

Está claro que Internet es una fuente inagotable de datos; estos a veces se trasforman mágicamente en información. El caudal de datos (o stream) al que nos exponemos definirá el tipo de información que extraes de él. Canalizar toda nuestra experiencia on-line a través de plataformas cerradas cuya motivación a la hora de alimentar nuestro stream es cuando menos dudosa sería quedarse con una parte muy reducida de ella. El problema principal es que a nadie parece importarle. Cómodo y fácil parecen ser valores al alza.

Reducir nuestra actividad on-line a lo que Facebook, Instagram o Twitter nos muestran equivale a leer la entrada sobre Ana Karenina del Rincón del Vago y desechar el original. Lo que nos llega, filtrado, sesgado, y empobrecido, siendo una sombra del original, nos está contentando. Nuestro umbral de atención es mínimo, nuestra paciencia, cada vez menor.

Crear y compartir son dos actos muy diferentes, y a día de hoy, en esta Internet nuestra, el segundo es mucho más importante que el primero. Todo se comparte, pero en realidad, muy poco se está creando. Y lo que se comparte, se hace a través de plataformas cerradas que experimentan con nuestras emociones, o que no nos dejan ni hacer clic en enlaces sin recurrir a trucos un tanto peregrinos.

También puede ser que lo que está pasando sea un reflejo de la sociedad. Es mucho más fácil llevarte todo el día compartiendo fotos de tu última tortilla de patatas, la pirueta de tu perro, la monería que ha hecho tu hijo o esa canción que no sale de tu cabeza que intentar resumir esa inquietud, o plasmar en palabras ese nuevo conocimiento. Si al final una inmensa mayoría crea contenido fácil, del día a día, no parece tan extraño que ese sea el contenido que termina inundando nuestras pupilas.

Todo en esta vida se puede hacer de dos formas: poniendo cuidado, esfuerzo e interés, o de cualquier manera, sin echar ni cuenta. Estamos usando Internet de cualquier manera, sin echar ni puñetera cuenta. Este post es mi pequeña rebelión de hoy contra este hecho. Como el niño que, indignado por alguna iniquidad de sus padres, tiene que tragarse su orgullo y solicitar permiso para hacer algo que moralmente se siente autorizado para hacer, compartiré este grito en el vacío a través de Twitter y Facebook. Si no lo hago, esto no lo va a leer ni su puta madre. Qué triste.

agosto 11, 2015   Comentarios desactivados en Nos estamos cargando Internet

Héroe en cualquier lugar


Naces, en una casa cualquiera de un villorrio perdido en una provincia mediana, en el seno de una familia humilde. Te alimentas, como el resto, de la precariedad. Juegas hasta el fin de tus fuerzas, y como el resto, llegas a casa por las noches lleno de mataduras y churretes. Te das un baño bajo la supervisión de tu madre, que mientras cocina para toda la familia un caldo con el que engañar el hambre y conversa con tu padre acerca de las últimas noticias sobre la salud del alcalde del pueblo no deja de apremiar para que no salpiques ni una gota fuera de la cuba. Por la noche, historias populares. Cuentos recitados por la paciente y entusiasmada voz de tu padre. Sueñas con tus héroes favoritos, algunos imaginarios, otros, más reales, de tu patria. En el colegio, regular solamente. El profesor no deja pasar ni un día sin preguntarte la tabla del 7, y tú, por mucho que lo intentes, ni un día la recitas sin errar. Por todo castigo, una mirada de reprobación. Te duele más que un reglazo en toda regla. Vergüenza. Haces la Primera Comunión. Sigues jugando hasta la noche. Más churretes. Más mataduras. Más baños. Más hambre. La tabla del 7 cayó en el olvido, ahora son los cosenos los que te quitan la paz. Cambios en tu cuerpo. Cambios en otros cuerpos.  A los cosenos se suman los senos como fuente de inquietudes. El colegio queda en la tangente, llega la hora de arrimar el hombro. Tu padre se ha ido para no volver, y su recuerdo queda grabado a fuego en tu memoria. Con él, tus héroes, los imaginarios y los de tu patria, todos compartidos noche a noche. Ellos se mezclan con la imagen de que te ha quedado de él. Memoria colectiva, memoria personal: deber, honor: patria, persona. Todos a una; una para todos. Trabajas, y aprendes que los juegos del pasado, las tablas, los senos y los cosenos, eran la felicidad que la vida te regalaba antes de pedirte algo a cambio. El sacrificio, el sudor de tu frente, la realidad, la rueda del tiempo girando cada vez más rápido. En tu casa no hay dinero para que estudies medicina, ni para mandarte al seminario. Te vas al cuartel. Las armas no te apasionan, te repulsa la violencia. Pero la idea de ser útil, a tu madre, a tus hermanos, a tus compañeros de juegos, a la gente de tu pueblo… te empuja. Aprendes el oficio, pacientemente, desde cero. Nadie te regala nada, y tú lo quieres todo. Lentos pasan los días, las semanas, los meses. Destacas pronto, asciendes tarde. Siempre. Tus orígenes humildes te impiden avanzar con la prontitud que hubieras deseado, y que observas en otros menos dotados de virtudes para los puestos que van ocupando. Tu indignación, no obstante, se ve acallada por tu sentido del deber. Tu padre en la memoria, tus héroes: los imaginarios y los de tu patria. La sonrisa de tu madre. El agresor externo, la guerra. A filas. Por primera vez, la idea de morir por tu patria se presenta como una posibilidad real, y aprendes lo que es el miedo. ¿En qué pensaban estos héroes?. Te maldices por cobarde, y mientras sudas frío en las noches de campaña sin dormir, con los fantasmas de tu ausencia en el mañana revoloteando sin parar alrededor tuya, procuras descansar todo lo posible para estar al máximo al día siguiente. La situación no es buena, la batalla se pierde. Retirada. Te encargan proteger un puesto. Contigo, esos cañones que con tanto tino aprendiste a manejar. Un puñado de compañeros voluntariosos y algún que otro superior. La última compañía amiga se pierde en el horizonte, y poco a poco, el enemigo te rodea. A ti, a los tuyos. Las municiones se van acabando. Tus compañeros y tus superiores, también. De pronto, estás al mando. Escuchas los alaridos de dolor de los pocos que a tu lado quedan, y el único sonido de artillería procede de tu posición. Sólo tú, y apenas tres o cuatro balas de cañón. Cuando descargas la última andanada, te das cuenta de que has hecho todo lo que podías, lo que debías.  Sentado con la espalda apoyada en la trinchera, respiras hondo y miras al cielo, y, contrariamente a lo que esperas, no sientes miedo, si soledad, ni vergüenza.  Ya no te torturas por cobarde, sino que cierras los ojos y ves los ojos de tu padre, agradecidos. Sonríes.  El enemigo te golpea, una y otra vez, pero no te dispara. Te insultan en una lengua extraña. Te escupen, te vuelven a golpear. Pero no te disparan. Apenas te das cuenta de lo que pasa, sin embargo. Horas después,  despiertas en mitad de la noche, alguien te habla en tu idioma, con un acento divertido. Te dan agua, te ofrecen algo de comer. Tu interlocutor te hace una oferta para volver a tu tierra, libre. A la casa de tu madre, que te espera con los brazos abiertos. La cuba de agua, llena. Sólo tienes que enseñarles a los soldados del enemigo cómo usar tus cañones, cuya tecnología escapa a sus conocimientos. Sonríes  y mientras mentalmente repasas tus primeros días en el cuartel, cuando tú mismo aprendiste los secretos de tus compañeros de batalla mecánicos, mueves la cabeza de lado a lado lenta pero firmemente. Te quitan el agua, y el cuenco de comida del que torpemente llevabas un rato intentando alimentarte. Vuelven a preguntarte cada hora, y mientras tus labios se agrietan al sol del imponente nuevo día  y el cansancio termina por obligarte a cerrar los ojos, sigues moviendo la cabeza de lado a lado. En tus labios, una sonrisa, discreta pero sincera. En tus ojos cerrados, el color indescriptible que tiene el sol cuando lo miras atravesando tus párpados. En tu memoria, la voz de tu padre. Sueños con tus héroes favoritos, algunos imaginarios. Pero sobre todo, con los de tu patria. Los miras cara a cara. Algún tiempo después,  en una casa cualquiera de un villorrio perdido en una provincia mediana, en el seno de una familia humilde, una voz habla de ti. Un pequeño escucha atento, con ojos soñadores… te apagas.
Si algún día tengo un hijo, le hablaré de ti, Diego.

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agosto 14, 2014   Comentarios desactivados en Héroe en cualquier lugar

Una semana en Las Vegas


Si tuviera que intentar resumir mi estancia en Las Vegas con una sola palabra, esta sería “equilibrada”. Creo que para ser mi primera (¿y última?) vez en Las Vegas, me he llevado una impresión general más o menos acertada del lugar. Y no creo que este sea el caso para la mayoría de la gente que la visita.

Durante la semana que acabo de pasar allí, he:

  • Asistido a una conferencia (aunque he de confesar que no he ido a más de cuatro charlas, por motivos variados).
  • Visitado varias exposiciones y shows.
  • Salido a tomar algo (en habitaciones de hotel con amigos, o en locales varios).
  • Conocido a gente de allí (¡existen, y son super buena gente!).
  • Alquilado una scooter y conducido por las afueras.
  • Hecho mogollón de fotos.
  • Visitado la mayoría de los hoteles.
  • Enfermado del estómago (casi dos días “perdidos” = en cama).
  • Visitado la presa Hoover y una fábrica de chocolate.
  • Pasado tiempo con viejos amigos. Y con nuevos.

En definitiva, he hecho un poco de todo, lo que me ha dado perspectivas de la ciudad probablemente diferentes, con lo que puedo formarme una idea un poco más global de lo que es. Por lo que he observado en estos últimos días, el asistente a este circo que puede ser Las Vegas ve una cara mucho más parcial, pues tiende a hacer bastantes menos cosas.

Lo cierto es que el hecho de que esta semana sea la primera navegando sólo (tras dejar casa de Chete) de mi viaje por la costa oeste ha provocado que estuviera mucho más tenso desde un punto de vista monetario de lo que los demás mortales lo están cuando viajan a Las Vegas como un paréntesis de una semana en su ritmo de vida normal. Para mi, tener que estar con la mochila por los próximos 2.5 meses ha sido causa de que ponga mucho más hincapié en no hacer ningún gasto fuera de lo normal, del que luego me pudiera arrepentir.

Asimismo, saber que cuanto antes active el chip de la curiosidad, antes empezaré a disfrutar verdaderamente de los lugares y gentes que conozca, me ha ayudado a tratar de conocer Las Vegas a fondo, para de alguna manera coger carrerilla y estar listo para cuando llegara a San Diego, San Francisco, etc… creo que ha funcionado bien.

Aconsejaría a todo el que vaya a Las Vegas varias cosas.

  1. Lo que pasa en Las Vegas, pasa en casa también, si quieres. Sé tú mismo, no intentes ser diferente. Ir a Las Vegas no es una excusa para hacer cosas que no haces en tu casa, buscando una felicidad que no encuentras en casa.
  2. Intenta compensar. Hay muchísimas (muchísimas) cosas que hacer en Las Vegas, aparte de salir de fiesta. Y algunas son super interesantes. Las Vegas de día tiene mucho que ofrecer. Infórmate, reserva algo de tiempo para ir al menos a una exposición diaria. Gastarás menos de lo que imaginas, y disfrutarás bastante más.
  3. Ojo con la comida. No es super cara, pero tampoco es lo que se dice económica. Si te descuidas, te acabas gastando un dineral. Y, sobre todo, ojo con la variedad del menú. Lo típico abunda (hamburguesas, sandwiches, bufetes de dudosa calidad), mientras que si quieres comer variado y de calidad lo tienes complicado. Se puede, pero hay que moverse más, sólo para comer. Y como normalmente se tienen otros planes, se acaba comiendo mal. Así que llévate un protector de estómago, lo necesitarás.
  4. Usa protector solar.
  5. No salgas todas las noches. No pasa nada por quedarse en el hotel viendo una peliculita o serie, o leyendo un libro. A menos que sean de escaso nivel. Pero si no, hazlo, duerme mucho y recupera energías. Una semana en Las Vegas demanda mucho, hay que descansar regularmente.
  6. Si vas en verano, como yo lo he hecho, hidrátate. Hace un calor bastante curioso, y lo dice un sevillano. Bebe todo el agua que puedas, literalmente. Si sales de noche y bebes alcohol, te vas a deshidratar mucho más rápido que en tu lugar de fiesta habitual. Parece una tontería pero apuesto a que es el típico error de debutante.
  7. Ve al centro de la ciudad. O al downtown, como se le conoce en países anglosajones. Las Vegas es mucho más que el strip, sus hoteles, esplendor (o cutrerío, según se mire) y derroche. Habla con la gente, pero con la que vive allí, aunque no sean de allí. Escucha sus historias. Hablar con los taxistas está bien, pero no es suficiente, puesto que los trayectos suelen ser cortos. En el centro encontraréis más oportunidades de entablar conversación con alguien que viva en Las Vegas. Veréis algo de lo que hay detrás del telón. Y es un sitio interesante. A fin de cuentas, la gente es la que hace de un lugar algo interesante. Y hay cada personaje por ahí…
  8. Ve a un hotel medio. Aunque no sea el más glamouroso, ni el mejor localizado, ni tenga el mejor buffet. Al final del día, lo único que necesitas en Las Vegas es una buena cama para descansar, con aire acondicionado, y un cuarto de baño admisible. Hasta los hoteles no-chic cumplen todos estos requisitos. Ahorrarás bastante en alojamiento, y luego te alegrarás cuando vayas a exposiciones, etc… y veas que puedes hacer mogollón de cosas con esos dólares que te has ahorrado.
  9. Si te gustan las motos, al menos un día, alquila una y piérdete. En realidad, esto lo recomiendo en cualquier lugar del mundo, a menos que las condiciones meteorológicas lo desaconsejen. El resto del tiempo, intenta no andar si no es estrictamente necesario. Obviamente, intenta no arruinarte en taxis. Hay autobuses que recorren el strip de arriba a abajo, y cuestan aproximadamente 8 $ por día, pudiéndote montar todas las veces que quieras.
  10. Piérdete dentro de los grandes hoteles. Pasea por ellos. Hay realmente lugares mágicos. Disfruté viendo los interiores del Caesars Palace, el Venetian, el Paris y el Luxor. No entré en el Bellagio, y definitivamente por algunos de ellos se puede pasear también por fuera, disfrutándolo.

Ahora mismo estoy en San Diego, en casa de Nathaniel, el primer couchsurfer que me está alojando en mi road trip, y la verdad es que he tenido mucha suerte al caer en su casa. Un tipo muy original y generoso: los dos días que voy a pasar con él y su gente prometen.

agosto 13, 2014   Comentarios desactivados en Una semana en Las Vegas

Magic circles


You see Karin, one draws a magic circle around oneself, to keep everything out that doesn’t fit one’s secret games. Each time life breaks through the circle, the games become puny and ridiculous. So one draws a new circle and builds new defences. 

Through a Glass Darkly

agosto 5, 2014   Comentarios desactivados en Magic circles

Abierto por vacaciones: ciao London, hi USA


Desde abril de 2012 he vivido y trabajado en Londres. Y así seguirá siendo por algunos años más, si no me enamoro en algún rincón recóndito o recibo una oferta irrechazable en algunos de los múltiples países en los que me gustaría vivir. Londres me encanta, y a sus múltiples atractivos para vivir se le suma el importante requisito de tener una inacabable cantera de trabajos como programador que me permite ser selectivo, garantizándome seguridad económica y realización profesional. El último año y medio en la BBC ha sido la etapa profesionalmente más productiva de mi vida, con diferencia.

¿Por qué me voy, pues? Para viajar, en resumidas cuentas. Me encuentro en Conil, descansando una semanita antes de irme a USA durante los próximos tres meses. Pasaré una semana en Chicago con algunos de mis mejores amigos, una semana en Las Vegas con otros (durante la cual asistiré a DefCon por primera vez). Luego me quedarán dos meses y medio durante los cuales planeo recorrer toda la costa oeste de norte a sur, desde Vancouver hasta San Diego San Diego hasta Vancouver. Viajaré compartiendo coche unas veces, haciendo autoestop otras, e incluso alquilando coche y moto si veo algo interesante. Buscaré alojamiento en CouchSurfing a ratos, con amigos en un par de ciudades, y también a través de AirBnb (en San Francisco, durante la JavaOne).

Estaré de vuelta en Londres el 25 de octubre, dispuesto a seguir trabajando y disfrutando de ese universo que es la capital británica. Hasta entonces, espero escribir bastante más en este blog de lo que lo he hecho en los últimos años.

julio 23, 2014   2 comentarios